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Espigoladors, una iniciativa que lucha contra el despilfarro alimentario

 


En 2014, Mireia Barba, Marina Pons y Jordi Bruna fundaron Espigoladors, una organización sin ánimo de lucro cuyo leit motiv es combatir el despilfarro alimentario a través de un proyecto en el que participan personas en riesgo de exclusión social. La iniciativa nació “porque pensábamos que tenía sentido y que podía generar cambios sistémicos y transformadores,  sociales y medioambientales  en relación a reducción del desperdicio alimentario”, recalca Mireia, presidenta y directora de la Asociación Espigoladors.

 

Sus espigadores, agentes contra el despilfarro alimentario, recuperan fruta y verdura que se descarta por diversos motivos, desde excedentes de producción hasta por no cumplir criterios estéticos de forma, tamaño y color. El 95 % de lo recogido se entrega a entidades sociales para que lo hagan llegar a colectivos en riesgo de exclusión social.  El resto lo comercializan en tiendas en forma de mermeladas, salsas o patés bajo su marca ‘es im-perfect’. “Se vende en un pack que también tiene los mismos valores que nuestros productos  y que no generara residuos, pudiendo ser reutilizado”, apunta Mireia.

 

Con una facturación de 130.000 euros anuales, el equipo de Espigoladors quiere ver crecer su proyecto, una iniciativa de valor social y medioambiental. “El medio ambiente se ve afectado negativamente por el desperdicio alimentario, por los gases de efecto invernadero que se generan –enumera la directora de Espigoladors los consumos de recursos hídricos y por la pérdida de biodiversidad”.

 

¿Cuándo y cómo nace Espigoladors?

Espigoladors nace de un sinsentido: uno de cada tres alimentos que se producen en el mundo se pierden a lo largo de la cadena alimentaria y al mismo tiempo existen 800 millones de personas que no tienen acceso a alimentos en el mundo. Marina Pons, Jordi Bruna y yo, tres amigos decidimos apostar por impulsar una iniciativa que luchara contra el desperdicio alimentario de una manera sostenible. Porque nos enseñaron que la comida no se tira y porque creemos en las personas; ellas son las verdaderas protagonistas para cambiar el mundo.

Nuestro trabajo consiste en hacer realidad un modelo productivo que incida en la dignificación de  las personas y en la sensibilización de un tema candente como es el despilfarro alimentario de una manera directa, inclusiva, transformadora y participativa. Es decir, apostamos por concebir todos los alimentos  como un recurso, poniendo especial énfasis en dar voz y sentimientos a estos productos estéticamente imperfectos  e implicando a las personas en riesgo de exclusión social para generar cambios positivos.

 


¿Por qué apostasteis por este proyecto?

Porque pensábamos que tenía sentido y que podía generar cambios sistémicos y transformadores,  sociales y medioambientales  en relación a reducción del desperdicio alimentario.

Nos basamos en diversas premisas; decidimos crear un modelo de recuperación de alimentos saludables en el cual todos los miembros ‘espigadores’ (personas de todos los sectores de la vida) se convierten en embajadores contra el desperdicio de alimentos con experiencias auténticas para contar y compartir y conceptualizamos que estos alimentos recuperados tuvieran un papel de agentes de cambio. Así, los alimentos frescos recién recogidos van a personas con una situación vulnerable y los alimentos transformados a todo el mundo. 

 

¿Cómo lucháis contra el desperdicio alimentario?

Recuperamos fruta y verdura que se descarta por diversos motivos: excedentes de producción, descenso de las ventas o que la fruta sea demasiado madura o no cumpla criterios estéticos de forma, tamaño y color. Un 95 % de esta recogida se canaliza directamente a entidades sociales que gestionan el acceso a la alimentación para colectivos en riesgo. La otra parte de esta recogida va dirigida a la transformación para la elaboración de conservas de alta calidad que se comercializan bajo una marca social que se llama ‘es im-perfect’. Este 5 % va dirigido, principalmente, a dar sostenibilidad al modelo de recuperación de alimentos. Es la primera marca del estado español que comercializa productos de calidad elaborados a partir de excedentes o frutas y verduras feas con la participación de colectivos en riesgo de exclusión social. Producimos mermeladas de frutas y verduras, patés vegetales, salsas 100 % naturales y artesanales ideales para el consumo diario o para regalos con impacto o en cestas de Navidad. Productos genuinos, de calidad, elaborados con materias primas cercanas, respetuosos con el medio ambiente y con un alto valor social.

 

¿Cómo recogéis los excedentes alimentarios y que hacéis con ellos?

Creamos una red de empresas y productores comprometidos con el medio ambiente y con las personas. Los alimentos se recogen cuando un productor o una empresa que forma parte de la red de colaboradoras nos avisa de que tienen excedentes o mermas y nos da permiso para recogerlo. Activamos la red de espigadores y vestidos con un peto verde y con el material necesario, formamos in situ a las personas para recoger en comunidad estos alimentos y darles una segunda oportunidad. La realización de espigamientos comporta un trabajo previo y de establecimiento de confianza con el productor o empresa y una logística bien organizada con la red de espigadores y puntos de distribución de alimentos.

Gracias a toda la red de colaboradores productores y empresas afianzamos un sentido de territorio integral en el cual diversos agentes están implicados, desde ciudadanos y entidades sociales a productores, empresas, etc., poniendo en valor la cultura del trabajo, valores como la  solidaridad, el trabajo en equipo, la cohesión social, la reciprocidad, la transversalidad y el valor de los alimentos.

 

¿Cuáles son las cifras del despilfarro alimentario?

La FAO  (FAO, 2013) estima que anualmente se desperdicia en el mundo alrededor de 1/3 parte de la producción mundial de alimentos producidos para el consumo humano. Concretamente, en España se desperdician una media de 16,3 kg de alimentos por persona y año (BioIs, 2010), cifras que situarían a España en la sexta posición en el ámbito europeo. El desperdicio alimentario se genera en todas las etapas de la cadena alimentaria, aunque cada eslabón de esta cadena contribuye de manera diferente.

 

¿Qué impacto medioambiental tiene ese despilfarro de alimentos?

El medio ambiente se ve afectado negativamente por el desperdicio alimentario, por los gases de efecto invernadero que se generan (huella de carbono), los consumos de recursos hídricos (huella hídrica), la ocupación del suelo y su degradación y por la pérdida de biodiversidad. 

 

¿Cómo se mide el impacto social (inserción laboral de personas en riesgo de vulnerabilidad) y medioambiental del proyecto?

En Espigoladors hacemos un seguimiento de los siguientes indicadores para poder medir tanto el impacto social como el impacto medioambiental de nuestra actividad:

  • Toneladas de alimentos recuperados.
  • Raciones de alimentos donados (raciones de 300 g).
  • Productores y empresas que colaboran.
  • Acciones de sensibilización.
  • Toneladas de CO2 de las que se evita su desperdicio.
  • Millones de litros de agua de los que se evita su desperdicio.
  • Red de espigadores participantes.
  • Generación de oportunidades  para personas.
  • Nivel de felicidad de las personas que participan en el proyecto (en estudio).

 


¿Cuáles son los valores que definen el proyecto?

Los valores que definen a Espigoladors son 100 % de raíz: social, natural, de calidad, profesional, de compromiso, inclusivo y, sobre todo, singular.

 

¿Quiénes  forman vuestro equipo y cuáles son los perfiles profesionales?

Jordi Bruna, que se encarga de todo el tema  financiero  y es socio fundador; Marina Pons que lleva comunicación y es socia fundadora; Silvia Antón, responsable de espigamientos; Maria Lodeiro, que da apoyo a proyectos y espigamientos; Nuria Casas, responsable de proyectos, e Isabel Barba, responsable de administración y contabilidad.

A mediados de septiembre pondremos en marcha nuestro último proyecto, un nuevo obrador que queremos que juegue el papel de laboratorio de innovación en despilfarro alimentario y genere ocupación para personas en situación vulnerable.

La estrategia del modelo está avalada por un comité estratégico de expertos profesionales que nos asesoran  y nos acompañan  en la viabilidad y además, contamos  con una red de profesionales, empresas y organizaciones de carácter soñador  que apoyan nuestra misión. 

 

Vuestra iniciativa no tiene ánimo de lucro. ¿En qué invertís los ingresos por la venta de las mermeladas?

Los ingresos por la venta de las conservas ‘es im-perfect’, el 5 % de los alimentos que transformamos, y la ejecución de proyectos contra el despilfarro alimentario van destinados íntegramente a la sostenibilidad del modelo de recuperación y canalización de alimentos, nóminas de las personas que trabajan en Espigoladors, gasolina, vehículo de recogida de alimentos, materiales para los espigamientos, elaboración de productos o contratación de más personas.

No somos una organización autosostenible por ahora, pero nuestro objetivo es llegar a serlo. Espigoladors quiere hacer una apuesta fuerte en escalar el modelo y replicarlo a otros puntos del territorio español. No se trata de expandir por el simple hecho de crecer, se trata de crecer para generar más oportunidades laborales y reducir el índice de despilfarro alimentario con sentido. Se trata de crear un movimiento ciudadano de prescriptores contra el despilfarro alimentario que impulsen y faciliten la creación de leyes o normativas contra el despilfarro alimentario  y fomenten un cambio de   tendencias de consumo.

 

Comercializáis mermeladas en un pack que puede reutilizarse según los valores de la economía circular.

Nuestros productos están basados en la economía circular. Queríamos crear un pack que también tuviera los mismos valores que nuestros productos y que no generara residuos. Algunas ideas para su reutilización son un portalápiz, un nido de pájaros o un semillero, pero hay un sinfín de posibilidades; depende de la creatividad de cada uno.

 

¿Qué aspectos del proyecto os gustaría potenciar?

Nos gustaría replicar el modelo por toda España, incrementado así el impacto social y medioambiental, creando un movimiento único que abandere la lucha contra el despilfarro alimentario.  

Nos gustaría potenciar la comercialización de ‘es im-perfect’  y que fuera un producto accesible a todo el mundo, desde que los productos estén en la cesta de Navidad de una gran empresa como un producto más de calidad y con valor añadido, o ser parte del menú de un restaurante o bien proveedores de los puntos de distribución social de alimentos. Queremos mejorar en muchos aspectos, para ello nos profesionalizamos y al mismo tiempo establecemos alianzas con muchas organizaciones en la que se establece una  relación win-win.

Pero, sin duda, lo que más nos gustaría reforzar es la capacidad de transmitir y en consecuencia de ser considerados como un motor de desarrollo, de empleo y de cambio social.

 

¿Por qué aconsejaríais a los emprendedores poner en marcha iniciativas en el ámbito de la economía circular?

Primero de todo porque existe  un gran abanico de oportunidades para desarrollar modelos empresariales, pueden ser nuevos o la réplica de modelos que ya funcionen en el mundo, que tengan un uso más eficiente de los recursos, para generar empleo, crecimiento económico e impacto medioambiental,  para crear un mundo más sostenible  y que revierta a las nuevas generaciones.

Pero, sin duda alguna, es por un tema también de valores y principios. Poner en marcha  este tipo de iniciativas, grandes o pequeñas, teniendo en cuenta la naturaleza, te convierte en un agente de cambio que mejora el mundo. 

 

  


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