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Kamchatka, juguetes ecológicos con alma

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Nathalie Rodríguez y Raimundo Nieves son los padres de Juguetería Kamchatka, “un proyecto de negocio familiar, cercano y alternativo. Vendemos y distribuimos juguetes de madera y trapo fabricados con conciencia  low tech, con una firme apuesta por el valor del juego tradicional, no sexista, no bélico y con una clara conciencia ecológica”.

 

Quince años de trayectoria avalan esta iniciativa que trata de potenciar el valor de la que, en palabras de Nathalie, “es la tarea más comprometida, seria e importante de la infancia: jugar”. Una juguetería que ofrece “juguetes con alma, sin baterías, que potencian la imaginación y la socialización”.

 

El compromiso con el planeta es otro de los sellos de los juguetes Kamchatka. “Son juguetes con un claro compromiso con el cuidado del planeta, no solo por la materia prima empleada sino también por su tratamiento: los tintes y aceites son de origen natural y con certificados öko-tex y por la renuncia a los pegamentos con formaldehídos”,  cuenta Nathalie. Y añade: “Consumir juguetes ecológicos es crear desde pequeños una conciencia de juego cercano a lo natural y en ello sembrar una cercanía a la naturaleza de la que el niño sentirá que forma parte”.

 

¿Cómo son los juguetes Kamchatka?

Nosotros siempre los definimos como “juguetes con alma”. Son juguetes sin baterías, que potencian la imaginación y la socialización. Juguetes en su mayoría acabados manualmente y con un claro compromiso con el cuidado del planeta, no solo por la materia prima empleada sino también por su tratamiento: los tintes y aceites son de origen natural y con certificados öko-tex y por la renuncia a los pegamentos con formaldehídos. La seguridad de los/as niños/as y el compromiso por recuperar el rol protagonista del niño o niña que juega son valores irrenunciables para nosotros. Así que los juguetes de Kamchatka son juguetes para crear, crecer y soñar y son, en definitiva, juguetes de verdad.

 

¿Qué tipo de juguetes podemos encontrar en vuestra tienda?

Podría resumírtelo con un ‘los juguetes de siempre’. Encontrarás juguetes de madera y trapo (algodón y lana). Desde construcciones geométricas y diferentes a las habituales como el Kapla, hasta juguetes más afines a pedagogías alternativas como Waldorf o Montessori (el arcoiris o el árbol musical, por ejemplo). Caballos de palo, peonzas de madera y cordel de algodón, material artístico ecológico y hasta de origen bio (materias primas orgánicamente cultivadas), marionetas, trenes de madera y muñecas de trapo, pero sobre todo, encontrarás a un personal profesional del sector que sabrá ayudarte a escoger el juguete más adecuado para el niño o la niña al que va dirigido. Sabemos de juguetes y ese nivel de profesionalización en un comercio es, sin duda, un valor añadido.

 

 

¿Por qué recomendarías a los consumidores comprar juguetes ecológicos?

Yo te diría que hay dos razones que van de la mano y que hay que considerar con seriedad: la primera es evidentemente el compromiso con un consumo sostenible. Una conciencia de la compra serena y pensada, no de impulso, pero en segundo lugar, porque económicamente  es más rentable. Un juguete de madera no es de usar y tirar, soportará los avatares del juego infantil y podrá ser reutilizado por muchos niños, hermanos, primos, amigos, pasando de unos a otros en perfecto estado, por lo que la compra se amortiza en el tiempo, habida cuenta de la seguridad en la salud de tu hijo y la inversión que representa a futuro para el planeta.

 

Por otra parte y en la línea de la vertiente de la economía doméstica, la madera y el algodón son reparables y permiten una experiencia sensorial mucho más completa que la que puedes tener con el plástico o los acrílicos. La madera tiene sonido propio, temperatura, diferentes tactos, pesos, colores. No puedes decir lo mismo del plástico que además de contaminar, ser inseguro para la salud por los químicos que le integran (phtalates, BPA) y ser un peligro para la vida marina, acaba rompiéndose con facilidad y es imposible su reutilización convirtiéndose solo en desecho.

 

Consumir juguetes ecológicos es también crear desde pequeños una conciencia de juego cercano a lo natural y en ello sembrar una sensibilidad y cercanía a la naturaleza de la que el niño sentirá que forma parte. Lo más natural es ser ecológico, pero ese es un aprendizaje en el que hay que educar desde la primera y más tierna infancia.

 

¿Qué os decidió a poner en marcha este proyecto?

Como en casi todos los casos de emprendimiento, el vacío en el mercado. No era fácil acceder a juegos que no estuvieran enlazados a una licencia o que salieran del universo plástico, tv y/o tecnología, de modo que cuando nos planteamos un proyecto de negocio pensamos en la posibilidad de que muchos padres y madres acusaran esa ausencia tanto como nosotros. Mi formación profesional y mi experiencia con niños me llevaba a decantarme por un proyecto que enlazara con mi propio background académico. Esto no es solo una elección de trabajo, es, simultáneamente, una elección de vida. No creo que pueda haber una posibilidad para la raza humana que no pase por la concienciación sobre la urgencia de un modo de consumo responsable y sensible con el planeta, así que de alguna manera, Kamchatka amalgamaba todos esos principios y prioridades.

 

 ¿Cómo están hechos vuestros juguetes?

¡Con cariño! Nuestros juguetes están fabricados en su mayoría dentro de Europa, otros en condiciones de comercio justo, otros de forma completamente artesanal, acabados a mano, hechos pieza a pieza. De modo que incluso en los fabricantes más industrializados, en el trabajo con la madera muchos procesos han de ser inevitablemente manuales. Lo mismo ocurre con los textiles. Así que, detrás de cada juguete nos gusta pensar que hay una persona, una historia que lo hace posible. Abogamos por no desvincular el producto de quien lo ha fabricado. Eso forma parte de nuestro compromiso ético; si perdemos ese hilo invisible poco importará el sentido de nuestro trabajo. La idea del consumo responsable es precisamente que nunca olvidemos bajo qué condiciones es producido.

 

 

¿Cuál es vuestro valor sostenible?

Hay varios, pero definitivamente el hecho de que sea un producto de materia prima respetuosa con el planeta, que su tratamiento sea igualmente respetuoso o que la forma de producción esté en consonancia con un criterio de producción ético, lo es. En todo caso, nos gusta pensar que nuestros juguetes viven varias vidas y que nunca son de usar y tirar, sino que recorrerán durante mucho tiempo las manos de muchos niños y niñas que descubrirán en ellos ese hilo invisible del que te hablaba en la respuesta anterior. Por otra parte, también trabajamos con fabricantes pequeños y de proximidad, minimizando así la contaminación derivada del transporte.

 

¿Quiénes integran el equipo de Kamchatka?

Somos una empresa pequeñita, familiar. El equipo somos dos: Rai y yo, Nathalie. Él es músico y, como artista, tiene un profundo sentido y sensibilidad estética. Yo soy doctora en Psicología y tiendo a representar la selección más técnica de los juguetes. Sé escoger en función de las características del niño o niña al que quiere ser regalado, pero también me ayuda en la selección de los juguetes bajo criterios evolutivos, de necesidades cognitivas o para integración de niños y niñas con necesidades educativas especiales. Me gusta pensar también que nuestros clientes forman parte de ese equipo, porque es gracias a ellos, a sus feedback, a sus experiencias y a sus preguntas que intentamos ampliar nuestra mirada y escucha, para así incorporar juegos y juguetes que atiendan a esas inquietudes y demandas.

 

¿Cuáles son los juguetes que tiene más éxito?

Es una pregunta trampa, porque hay tantos juegos o juguetes exitosos como niños. Cada niño o niña, cada familia tiene unos requerimientos que le son íntimos y singulares y probablemente un juguete que funciona muy bien en una familia no sea el más acertado para otra. Eso es la profesionalización, saber que esa diferencia existe y poder asegurarnos de que la elección no está motivada por una decisión comercial sino personalizada. Si me pides una respuesta sin vacilación, imagino que por la propia naturaleza inquieta, curiosa e imaginativa de los niños y niñas, los bloques de madera seguirán siendo un juguete eterno, inestimablemente complejo y simple a la vez. Menos es más y en lo menos elaborado encontraremos más recursos para la imaginación y la creatividad.

 

 

¿Qué juguetes comenzasteis vendiendo? ¿En función de qué incorporáis nuevos juguetes al catálogo? Comenzamos con 7 u 8 fabricantes y ya tenemos más de 80. Tenemos claro que los juguetes que entran a Kamchatka tienen que pivotar sobre cuatro ejes: la ecología, no ser sexistas, no ser bélicos y tener valor pedagógico, todo esto compatibilizado con condiciones dignas de trabajo. Los juguetes nuevos se incorporan en función de elementos objetivos y subjetivos. Entre los primeros su potencial innovador, los premios que haya recibido o las posibilidades de llenar una necesidad pedagógica determinada. Pero también los hay subjetivos: el diseño estético e incluso el flechazo del amor a primera vista. Somos apasionados de lo que hacemos y los criterios estrictamente comerciales no nos hubieran permitido llegar hasta aquí. Creemos que asumir algunos riesgos con apuestas difíciles forma parte del mundo empresarial y en el del  juguete, también.

 

¿Qué es lo que más te gusta del proyecto?

Me apasiona el mundo del juego y sentir que puedo contribuir a amplificar ese mensaje de reivindicación de la que quizás sea la tarea más comprometida, seria e importante de la infancia: jugar. Así que esa es una motivación que me empuja a seguir. Yo creo a pie juntillas que la construcción de ese mundo posible con el que sueño: más tolerante, más justo, más igualitario, más solidario y sensible, y estoy convencida de que pasa necesariamente por la recuperación del juego creativo, imaginativo y gregario. Seremos como juguemos y esa convicción es transversal a todo nuestro trabajo. Por otra parte disfruto como una enana jugando y viendo a los niños y niñas jugar, así que me encanta trabajar por y para los niños y niñas.

 

En un sentido más amplio, me gusta no perder el contacto con la gente. Me gusta relacionarme y saber que, a través de lo que hago, favorezco el fortalecimiento de un modo de relación más vincular, personal y cercano. Creo que nuestras sociedades modernas carecen de ello y que una de las pérdidas más importantes del mundo desarrollado es la capacidad de vincular de los seres humanos.

 

¿Por qué recomendarías  a alguien poner en marcha su iniciativa emprendedora?

Porque de nada vale soñar si no creemos que será posible hacerlo realidad. Nadie dijo que sería fácil, pero incluso en los ‘fracasos’ aprendemos y crecemos. Así que no hay ninguna garantía de éxito, pero lo que sí puedo garantizarles es ese regusto dulce de haberlo intentado con tesón, ilusión y ganas.

Perfil de Kamchatka en la Red Emprendeverde

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