04/03/2021
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Begoña Suárez es la actual subdirectora general para el Emprendimiento, la Igualdad en la Empresa y la Negociación Colectiva de Mujeres del Instituto de las Mujeres, una entidad desde la que se trabaja realizando actividades que favorezcan la participación de las mujeres en la actividad económica y en el mercado de trabajo. “En esa línea trabajamos para que las mujeres no sufran, por el mero hecho de serlo, más dificultades para acceder al mercado laboral y para tratar de atajar las brechas existentes”, comenta.
Desde la Subdirección General para el Emprendimiento, la Igualdad en la Empresa y la Negociación Colectiva de Mujeres, “tratamos de facilitar el acceso de las mujeres al autoempleo y promover la creación de empresas”, puntualiza.
Begoña insiste en que el papel de la mujer como emprendedora es fundamental para cualquier sociedad que aspire a ser social y económicamente sostenible. “Es clave garantizar la igualdad entre mujeres y hombres en el mercado laboral como criterio básico para incrementar el PIB, crear nuevos puestos de trabajo y construir una sociedad mucho más justa”.
¿Cuáles son las principales políticas y líneas de apoyo del Instituto de las Mujeres a las emprendedoras?
En el actual contexto de crisis, sanitaria, económica y social, que está afectando de forma mucho más intensa a las mujeres, el trabajo del Instituto de las Mujeres es especialmente relevante. Conocíamos recientemente el informe de seroprevalencia del Instituto Carlos III sobre el impacto de la crisis en los trabajos esenciales y la consecuencia es demoledora: la pandemia ha arrasado a las trabajadoras precarias y a quienes se dedican a los trabajos de cuidado, precisamente aquellos que se han demostrado esenciales.
Para avanzar hacia la igualdad real y efectiva de mujeres y hombres, el Instituto de las Mujeres promueve actuaciones específicas que faciliten la implantación de medidas y planes de igualdad en empresas y entidades, incluidas herramientas para medir la brecha retributiva, facilitar la valoración de puestos de trabajo y la implantación de protocolos contra el acoso sexual y por razón de sexo. Trabajamos también para favorecer la inserción laboral de mujeres víctimas de violencia de género y para sensibilizar sobre la especial precariedad de algunos sectores altamente feminizados, por poner solo algunos ejemplos. En materia de autoempleo y emprendimiento apoyamos y promovemos diversos proyectos y programas para alentar a las mujeres para poner en marcha o consolidar sus proyectos y acceder a microfinanciación. Próximamente ampliaremos estas líneas.
¿En qué consisten los ejes de estos programas que tenéis en marcha?
Los programas que desarrollamos para fomentar el autoempleo y el emprendimiento de mujeres tienen como idea fundamental el proporcionar asesoramiento, acompañamiento y la formación necesaria a las mujeres que quieran emprender, así como a facilitar la financiación de los proyectos que inician.
Así tenemos diversas iniciativas. Para apoyar a las mujeres del medio rural contamos con el programa Desafío Mujer Rural, que promueve el emprendimiento femenino en el medio rural, donde es vital para la supervivencia de los pueblos y donde las mujeres asumen unas responsabilidades adicionales por la falta de servicios.
En el ámbito científico-tecnológico, un sector donde la presencia de mujeres es muy reducida, llevamos a cabo el programa Innovatia 8.3, con el objetivo de fomentar la creación por mujeres de empresas de base tecnológica, sector esencial en el mundo actual y donde hay mayores oportunidades. Próximamente queremos poner en marcha un proyecto innovador para fomentar el autoempleo y la creación de empresas, fundamentalmente sociales, desde una perspectiva feminista.
También facilitamos, programas muy consolidados como el Programa de Apoyo Empresarial a Mujeres (PAEM) que gestiona la Cámara España en 50 localidades de todo el país y que facilita apoyo, asesoramiento a las iniciativas empresariales de las mujeres.
Junto a los programas de formación o asesoramiento facilitamos el acceso al crédito a las emprendedoras que no disponen de capacidad económica para afrontar las condiciones de los préstamos del mercado financiero, gracias a la colaboración de Microbank.
Este año el lema del Día Internacional de la Mujer es “Mujeres líderes: por un futuro igualitario en el mundo de la Covid-19”. ¿Qué se necesita para que ese futuro igualitario sea una realidad?
La igualdad real de mujeres y hombres pasa necesariamente por eliminar las brechas existentes, muchas de ellas en el mercado laboral: la brecha salarial de género, combatir la precariedad en la que trabajan y viven tantas mujeres, el desempleo… La última Encuesta de Población Activa (EPA), relativa al tercer trimestre del año, no solo muestra que la tasa de paro femenina es mucho mayor que la de los hombres, sino también que esa diferencia está creciendo con fuerza-, los bajos salarios, la segregación horizontal y vertical... La igualdad pasa ineludiblemente por la corresponsabilidad de los hombres, y de la sociedad, en los cuidados, que siguen recayendo muy mayoritariamente en las mujeres.
En el contexto empresarial, ¿cuáles son los retos para una igualdad real?
La pandemia de la COVID 19 ha tenido un impacto negativo en el empleo de las mujeres. A su histórica dificultad de acceso al empleo y su mayor precariedad en el mercado laboral, debe sumarse que los sectores del comercio, turismo y hostelería, en los que hay una importante presencia de mujeres, se encuentran entre los más afectados, y se prevé que la recuperación de su actividad será más lenta y dilatada en tiempo.
Como consecuencia de la pandemia se han ido agravando las desigualdades estructurales que sufren las mujeres en el mercado laboral. El principal reto es de diseñar las medidas de recuperación económica, y utilizar los fondos que se destinen a ellas, en particular los fondos que se van a movilizar en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, desde una perspectiva feminista, evitando que ocurra, como sucedió tras la crisis de 2008, que gran parte de la recuperación económica se sustentó sobre el trabajo informal, precarizado e infravalorado de las mujeres.
En el actual escenario de recuperación económica y en clave verde en un contexto de pandemia sanitaria, ¿cuál es el potencial del emprendimiento femenino?
Ninguna sociedad que pretenda ser social y económicamente sostenible se puede permitir poner barreras a parte de su población y dificultar su participación en la actividad económica. Estamos hablando de igualdad real y efectiva de oportunidades, de algo que una sociedad democrática debería garantizar, pero además hablamos de economía: son numerosos los informes de las más variadas instituciones internacionales, desde la OIT al FMI o el Banco Mundial que alertan sobre la importancia de garantizar la igualdad entre mujeres y hombres en el mercado laboral como criterio básico para incrementar el PIB, crear nuevos puestos de trabajo y, en suma, construir una sociedad mucho más justa y eficiente.
Quiero también destacar que todos los estudios realizados sobre las empresas lideradas por mujeres, insisten sobre su menor tamaño, su sobrerrepresentación en determinados sectores, pero también –algo muy importante– en que su supervivencia en los momentos de crisis y dificultades económicas es muy superior a las empresas lideradas por hombres. A esto se une que sus proyectos suelen ser más ecológicos, sostenibles y, en muchas ocasiones, vinculados a iniciativas sociales.
¿Hay rasgos diferenciadores entre el emprendimiento masculino y femenino?
Las empresas que crean las mujeres son más pequeñas, tienen un menor volumen de negocio, se concentran en sectores esenciales como los servicios, la educación y los cuidados, pero con escaso valor añadido e incorporan al producto o servicio un valor creativo importante que lo diferencia en el mercado. El acceso a la financiación es una diferencia importante: las mujeres son muy reticentes a pedir financiación extra y acuden a la financiación externa en mucha menor medida, lo que supone en ocasiones dificultades de partida al no contar con la liquidez suficiente para que su proyecto arranque o, en su caso, para escalarlo. Insistir nuevamente en que las empresas que crean suelen ser más resistentes ante las dificultades. Las diferencias son mucho mayores si nos fijamos en ámbitos científicos y tecnológicos: en el mundo de las startups, por ejemplo, la presencia de mujeres es extremadamente reducida.
De ahí que desde el Instituto de las Mujeres trabajemos mucho en este ámbito, a través de programas como Innovatia 8.3, que llevamos a cabo junto con la Universidad de Santiago de Compostela. Este programa ofrece nuevas perspectivas y oportunidades a las jóvenes universitarias y fomenta la incorporación de la perspectiva de género en las Oficinas de Transferencia de Conocimiento de la mayoría de las universidades de nuestro país.
¿Cómo influyen los estereotipos de género a la hora de que una mujer ponga en marcha su propio proyecto empresarial?
Todo lo que hemos comentado en las cuestiones anteriores es fruto de estereotipos y sesgos de género: el concentrarse en determinados sectores, el poner en marcha proyectos sin voluntad de escalarlos, que les permita compatibilizar los cuidados con su negocio, la reticencia a acudir a financiación externa... Además, muchas de las habilidades que se supone debe tener una persona emprendedora se asocian con estereotipos de comportamiento masculino; la falta de referentes femeninos o la escasa visibilidad de muchas emprendedoras en diversos sectores de la economía contribuyen a mantener esta visión. Por ello es necesario corregir esta situación y seguir fomentando una mentalidad emprendedora donde las mujeres puedan desarrollar sus iniciativas y donde desaparezcan esos estereotipos.
¿Dé que forma los proyectos de emprendimiento liderados por hombres pueden integrar una perspectiva de género?
Es importante aclarar qué se entiende por “integrar la perspectiva de género”, que consiste en tener en cuenta la desigual situación de mujeres y hombres en nuestra sociedad, las barreras que afectan específicamente a las mujeres, e incorporar esta perspectiva cuando se desarrolla una política, un proyecto o una actuación determinada, tanto a través de medidas específicas para equilibrar las desigualdades como de forma transversal en toda la actuación teniendo en cuenta que se dirige a mujeres y a hombres y que debe atajar las brechas existentes y beneficiar a ambos.
Dicho esto, todos los proyectos de emprendimiento, lidere quien los lidere, mujeres u hombres, pueden y deben incorporar la perspectiva de género, deben analizar la situación de partida de mujeres y hombres e incorporar medidas para responder a las necesidades de ambos, en particular de las mujeres que son las que sufren las mayores situaciones de desigualdad y precariedad. De hecho, que un proyecto esté liderado por una mujer no implica necesariamente que tenga incorporada la perspectiva de género.
Desde la organización de la empresa, las medidas y planes de igualdad previstos en la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, son un instrumento que permite integrar esa perspectiva y si bien son obligatorios para las empresas con un determinado número de personas trabajadoras, también es adecuado su implantación en las demás empresas.
¿Hasta qué punto es importante que existan redes de apoyo y espacios de encuentro específicos para las emprendedoras?
Ciertamente la existencia de asociaciones de emprendedoras y de redes de apoyo es imprescindible. Las mujeres participan en mucha menor medida que los hombres en eventos de lo que se conoce ahora como networking, donde se producen oportunidades de negocio, aprendizajes informales, se intercambian experiencias, dificultades y buenas prácticas y donde se realizan contactos profesionales que contribuyen de forma importante a desarrollar su actividad con más confianza al constatar que las situaciones a las que se enfrentan son comunes, que hay otras muchas mujeres pasando por lo mismo, donde se consolidan redes de apoyo informal y se incrementan significativamente las oportunidades de negocio.
Por otra parte, el visibilizar los logros empresariales de otras mujeres es la mejor referencia que pueden tener quienes están planteándose un proyecto emprendedor. Las mujeres desde siempre han transmitido, con muchísima generosidad, sus saberes a otras mujeres.
Se habla cada vez más de despoblación y de la importancia de fijar población en los entornos rurales. ¿Qué papel juegan las mujeres en el emprendimiento rural en este contexto?
Las mujeres que viven en el medio rural son clave en el desarrollo sostenible de nuestros pueblos y contribuyen de manera fundamental en la economía.
El trabajo de las mujeres en el medio rural ha servido para mantener explotaciones familiares, ya sean agrícolas o ganaderas, sin embargo, menos del 9 % de las explotaciones son dirigidas por mujeres. Pero actualmente las mujeres se dedican a muchas más actividades en el medio rural, muchas derivadas de un conocimiento que se ha ido trasladando de generación en generación para la transformación de productos alimentarios (conservas artesanales, productos ecológicos) y oficios tradicionales (tejidos naturales, tintes a partir de plantas). Otras aprovechan los conocimientos que han adquirido en ciclos de formación profesional o en la universidad y vuelven a sus pueblos para recuperar el patrimonio y difundir cultura. Muchas están al frente de un establecimiento de turismo rural, donde tienen mayor capacidad para conciliar, puesto que su trabajo se desarrolla en su propia residencia.
Muchas mujeres realizan su actividad como empresarias, a pesar de las dificultades que se encuentran como estereotipos, la falta de infraestructuras o de acceso a internet, la escasez de servicios sociales, a las dificultades en la conciliación de la vida laboral y familiar, pero la falta de visibilidad de las mujeres como empresarias da lugar a que no sea suficientemente percibida esta participación por una parte importante de la sociedad.