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La comunidad científica lleva décadas advirtiendo sobre las consecuencias irreparables del cambio climático en la pérdida de biodiversidad y en la propia supervivencia del ser humano. La pandemia de COVID-19, en la que todavía estamos inmersos, ha llevado a una reflexión más profunda sobre nuestro modelo de desarrollo y crecimiento y sobre la necesidad de vivir en armonía con nuestro entorno para prevenir zoonosis, frenar la pérdida de biodiversidad y mitigar los efectos del cambio climático. Estas fechas previas a las Navidades son idóneas para apostar por otro modelo de consumo, responsable y sostenible.
La demanda de productos sostenibles es un fenómeno que va en aumento y cada vez son más las empresas que, atentas a esta evolución, apuestan por productos ecológicos e integran modelos de producción y distribución responsables desde un punto de vista ambiental y social.
Los hábitos de compra de las personas están cambiando y las empresas deben estar atentas a esta evolución para satisfacer las necesidades de sus clientes, a la vez que cumplen con sus exigencias ambientales y sociales.
Según el estudio Future Consumer Index de la consultora Ernst&Young, muchas personas están dispuestas a pagar más por un producto o servicio que incorpore valores ambientales. Los consumidores van más allá de lo tangible, informándose sobre las prácticas responsables de las empresas con el medio ambiente a lo largo de toda la cadena de valor.
El acceso a internet permite contrastar datos y comprobar la RSC de cada empresa, una gran victoria ante el greenwashing y un paso clave para aumentar la transparencia y la confianza en las empresas responsables.
Los y las emprendedoras también pueden fomentar las compras verdes y el consumo responsable. A continuación, te damos algunas ideas de cómo hacerlo:
A la hora de contratar proveedores responsables te puede ayudar conocer las diferentes etiquetas y certificados ambientales. Las ecoetiquetas son distintivos que aportan información sobre el desempeño ambiental y social de los productos o empresas que las llevan.
Estas etiquetas obligan a cumplir la legislación vigente en materia de producción y gestión ambiental. Ayudan a los consumidores a elegir productos y servicios que van más allá de la regulación con su compromiso sostenible.
Algunas son muy conocidas y fiables como la Etiqueta Ecológica Europea (Ecolabel), etiqueta de excelencia medioambiental válida en toda la UE que se da a productos y servicios que cumplen con altos estándares ambientales a lo largo de su ciclo de vida, el certificado FSC del Forest Stewardship Council (organización global sin ánimo de lucro que promueve la gestión forestal responsable en todo el mundo) o el sello Fairtrade de comercio justo, que se concede a productos y bienes que proceden de un sistema comercial solidario que persigue el desarrollo de los pueblos y la lucha contra la pobreza. El certificado EMAS (por sus siglas en inglés ‘Eco-Management and Audit Scheme’) reconoce productos y servicios producidos por organizaciones que han implantado un Sistema de Gestión Medioambiental (SGA) y han adquirido un compromiso de mejora continua de su política ambiental, mientras que la ISO 14001 es una certificación estándar internacional que posiciona aquellos productos ambientalmente responsables.
Existen multitud de etiquetas y cada una de ellas certifica el cumplimiento de determinados criterios ambientales o sociales. Por ello, como persona emprendedora debes informarte sobre las que más se utilizan en tu sector.
Las compras verdes van ligadas a un consumo consciente: optimizar el consumo de energía, agua y materias primas y reducir las emisiones de CO2 contribuirá a consolidar en clave sostenible tu emprendimiento. Otra opción interesante es escoger alternativas de energía 100 % renovable, como Lucera y HolaLuz, o cooperativas energéticas, como Megara, Ecooo y Som Energia.
Puede que te encuentres en la fase inicial de tu proyecto, que estés a punto de lanzarte al mercado o que quieras poner en marcha una nueva línea de negocio. Si es así, debes tener en cuenta la sostenibilidad desde la fase de idea de tu producto o servicio.
En este punto, el ecodiseño puede convertirse en un elemento vertebrador de tu proyecto. Consiste en incorporar criterios ambientales en la fase de creación y desarrollo de un producto para disminuir su impacto ambiental en toda su vida útil. Así, el ecodiseño contempla desde las materias primas que se adquieren para producir un bien o servicio hasta la fase en la que aquel se convierte en residuo.
Valorar estos aspectos puede resultar más complicado al principio y requiere una dedicación importante de tiempo, pero es fundamental, ya que la sostenibilidad es una inversión a medio y largo plazo.
Los canales online se han convertido en altavoces para las empresas: permiten aprovechar la influencia social y la experiencia para educar, sensibilizar y ayudar a transformar la sociedad. Puedes apoyarte en ellos para ser transparente en las acciones ambientales y sociales que desarrolle tu proyecto y así aumentar la confianza de tus clientes potenciales.
Las empresas que demuestran su preocupación por el triple balance (impacto que la actividad de una empresa tiene en la dimensión social, económica y ambiental) ponen de manifiesto que están comprometidas con el bien común y que su único objetivo no es lucrarse. La economía circular, la preservación de la biodiversidad, la reducción de la contaminación y la lucha contra las desigualdades son objetivos de estas empresas, más allá del beneficio económico. Un plus para muchos consumidores y consumidoras a la hora de valorar sus opciones de compra.
En la comunidad de la Red emprendeverde puedes conocer experiencias inspiradoras de emprendimientos verdes que ya están impulsando desde sus proyectos las compras verdes y el consumo responsable.