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Los alcornocales, aliados para el emprendimiento y la fijación de población en las Reservas de la Biosfera

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Los alcornocales se consolidan como un recurso estratégico para impulsar el emprendimiento, generar empleo y fijar población en las Reservas de la Biosfera (RRBB). Estos ecosistemas mediterráneos no solo aportan valor ambiental, sino que también crean oportunidades económicas ligadas al aprovechamiento sostenible del corcho, el turismo de naturaleza, la ganadería extensiva y la actividad artesanal.


España es una referencia internacional en este ámbito. El país ocupa el segundo puesto en el mundo tanto en superficie de alcornocal (27%) como en producción de corcho (31%), donde se sitúa como uno de los principales productores del planeta, según el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), Centro Nacional integrado en la Agencia Estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Esta riqueza forestal tiene una especial relevancia en comunidades como Andalucía, Extremadura y Cataluña, donde el sector mantiene una importante actividad económica.

 

Especialmente en territorios como la Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo, donde se integra el Parque Natural de Los Alcornocales, así como en la Sierra de las Nieves y la Sierra de Grazalema. En estos territorios, la actividad ligada al alcornocal ayuda a mantener población, conservar oficios tradicionales y dinamizar la economía local.

 

La gestión forestal sostenible de los alcornocales permite sostener economías locales resilientes y resulta clave para frenar la despoblación rural. El descorche, que se realiza de forma periódica sin dañar al árbol, genera empleo estacional especializado, al que se suman puestos de trabajo en transporte, industria transformadora, comercio y servicios vinculados al monte. Todo ello contribuye a que muchas familias puedan permanecer en municipios rurales con escasas alternativas laborales.

 

Uno de los ejemplos más claros de concentración de actividad corchera está en el Parque Natural Los Alcornocales, Cádiz (Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo), cuya actividad corchera se desarrolla desde el SXIX y permite, tanto a través de los descorches, como de los trabajos previos (ruedos y veredas) mantener una importante actividad económica basada en el sector primario, siendo la base de la economía de la zona. Sin embargo, Juan Manuel Fornell Fernández, director conservador Parque Natural Los Alcornocales nos explica como “la falta de industria hace que gran parte del valor añadido salga de la Reserva, donde a comienzos de SXX había más de 100 industrias corcheras y hoy no queda ninguna”.

 

Por otra parte, la dureza del descorche y la cercanía de la Costa del Sol, “hace que cada vez sea más difícil la incorporación de jóvenes al sector”, nos cuenta Fornell. Por ello, desde hace más de 8 años se desarrolla una escuela de corcheros, impulsada por la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, para formar nuevos corcheros y permitir su incorporación como novicios a las diferentes cuadrillas. “De esta manera se busca fijar población joven al medio rural y así asegurar la continuidad de estos trabajos, básicos para la conservación del ecosistema del monte alcornocal”, explica el director de conservación del Parque.

 

En el caso del la Reserva de la Reserva de la Biosfera de Monfragüe, la directora del Parque Nacional de Monfragüe, Carmen Martín López, nos explica que, en esta zona concreta de Extremadura, “no es tanto el valor industrial del corcho, sino la existencia de alcornoques en las dehesas, lo que lleva intrínseco tanto un aprovechamiento económico como de conservación”, nos cuenta. En este territorio, “los alcornocales se siguen implementando en restauraciones y añaden un valor a la dehesa que es en sí mismo un producto integral em el que encontramos ganadería extensiva, sostenibilidad ambiental, turismo sostenible…”, comenta.

 

A todos estos ejemplos concretos hay que añadir que estos bosques favorecen nuevas iniciativas empresariales relacionadas con el ecoturismo, la educación ambiental, los productos locales o la bioeconomía. Muchos proyectos se desarrollan en colaboración con propietarios forestales, entidades locales y administraciones públicas mediante acuerdos de custodia del territorio, que permiten compatibilizar la rentabilidad económica con la conservación del entorno.

 

Los alcornocales son un ejemplo de cómo la conservación de la naturaleza puede convertirse en una oportunidad real de futuro para el medio rural, generando riqueza sin renunciar a la protección del paisaje y la biodiversidad.

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